José F. Sánchez. Los Angeles | 26 de agosto de 2011

¿Qué hace un grupo de mexicanos de bota y sombrero en plena guerra de Irak? La escena parece inverosímil, pero esa es la trama de la nueva cinta del sinaloense Alberto Gómez, quien se inspiró en la laureada película de Steven Spielberg “Saving Private Ryan” (1998) para hacer una versión muy a la mexicana.

 

Lógico, el apellido no podía ser otro más que Pérez, uno que identifica al blanco de la misión como hijo de la tierra del nopal y la tortilla.

 

En esta cinta cargada de humor negro, Gómez consiguió al elenco adecuado para tocar temas espinosos como el narcotráfico y la guerra de un modo más ligero sin dejar de lado el lado amable de las relaciones familiares, muy importante en la cultura latinoamericana.

 

Con Miguel Rodarte (“El Tigre de Santa Julia”, “Sexo y otros secretos”) a la cabeza del reparto, se unen histriones de calada experiencia como Isela Vega en el papel de la madre del capo y Jesús Ochoa (“Men on Fire”, “Quantum of Solace”) que forma parte del comando encargado de la misión de rescatar del conflicto bélico en Irak, al hermano menor del protagonista de nombre Juan Pérez.

 

Llama la atención la incorporación al grupo actoral del comediante Adal Ramones, famoso por sus facetas de presentador de programas musicales y del exitoso “Otro Rollo”. Con una transformación física y un vestuario ad hoc, Ramones se ve irreconocible y cumple en su papel de Benito García, enemigo declarado del jefe narcotraficante.

 

Como todo un dandy aparece Jaime Camil (“Recién cazado”, “Puños rosas”), encargado de dirigir la logística de la chusca pero temeraria misión de rescate. No lleva el estelar pero el también galán de telenovelas se las arregla para seguir acumulando títulos en su currículo de actor.

 

El peso de la trama es para Miguel Rodarte, quien la hace de un narcotraficante casi intocable pero con poso seso. Temible con sus enemigos, pero que busca la redención ante su señora madre (Isela Vega), quien se fue “al otro lado” para alejar a su hijo más pequeño del mundo escabroso del hijo mayor.

 

Entonces llega la oportunidad del capo para congraciarse con la única que puede meterlo en cintura y que se halla al borde de la muerte. Ella le pide que vaya por el pequeño Juan y lo lleve a casa sano y salvo. El problema es que el soldado Pérez ha sido capturado en la guerra de Irak por un comando de rebeldes.

 

Julián no se raja y para ello conforma un grupo que no tiene ni idea de dónde está el lugar de la misión, pero que les sobra valentía e ingenio para salirse con la suya.

 

Con música de los Tucanes de Tijuana y Chavela Vargas, entre otros, la banda sonora es variopinta pero cuadra a la perfección con la traza de los reclutas. Las botas, las texanas y los cintos piteados, hacen imposible que pasen desapercibidos cuando llegan al medio oriente, donde se las van arreglando para completar la misión.

 

Llena de situaciones chuscas por lo disparatado de la trama, es imposible no reírse con los chistes, las caras y las circunstancias que rodean a los protagonistas, pero tampoco es ajeno el hecho de que el director de la cinta está dándole un toque sarcástico y hasta divertido a uno de los actuales azotes del vecino país del sur, como el narcotráfico.

 

Así es el nuevo cine mexicano, el que se nutre de los acontecimientos sociales para darle una maquillada y exponerlo a la audiencia con ese toque de humor que caracteriza a su gente, y con ese optimismo a ultranza que les permite seguir adelante día a día. EC

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