Quedan pocos filósofos del cine, gentes que sepan recitar de memoria una lista de los directores más grandes del séptimo arte, aquellos que, según él, supieron maravillar contando historias de vida, gentes como Pasolini, Bergman, Antonioni o Fellini. Juan José Campanella es uno de esos supervivientes, director de “El secreto de sus ojos”, una de las cintas más aclamadas a nivel internacional y que el domingo se hizo con el Oscar a la Mejor película extranjera.

Fue tal la sorpresa —la gran favorita era la alemana The White Ribbon— que Campanella se quedó en blanco durante el discurso de aceptación, amenazado por la cuenta atrás del contador. “Uno tenía todo preparado y se te borra absolutamente todo”, dijo el director argentino en la rueda de prensa posterior.

El pasado jueves en una entrevista con la publicación de entretenimiento
Al Borde, dijo que esperaba cualquier cosa, que prefería que ganase la peruana “La teta asustada” —la única a concurso que había alcanzado a ver— y que el fenómeno del cine latinoamericano estaba aquí para quedarse. El tiempo y la Academia le han dado la razón.
 
¿Cuál hubiera sido su alegato para convencer a los miembros de la Academia de que la suya es la mejor cinta?
Ninguno, por pudor no habría podido hablar de mi película. Si algo ha demostrado la Academia es que tienen una apertura mental importante y un gusto ecléctico con respecto al cine, con cinco películas muy distintas entre sí.
 
¿Pero supongo que al menos estará contento con el resultado de la película?

Ya he pasado la fase de contento y ahora estoy feliz.
 
¿Ha tenido tiempo de ver las otras nominadas en su categoría?

Solo he visto “
La teta asustada”, que me pareció maravillosa, pero es otro estilo de cine totalmente distinto y no te permite poder establecer un parámetro. Ojalá que le den el Oscar.
 
¿Lo del éxito del cine latinoamericano es un fenómeno pasajero o está para quedarse?

Espero que sea algo que está para quedarse y para crecer. Hemos tenido la suerte tremenda de tener dos cintas latinoamericanas en los Oscar y me alegra mucho, porque el cine en nuestros países es muy difícil de lograr.
 
¿No había talento o no había dinero?

Dinero, por supuesto. Talento hay.
 
¿Qué le pareció Avatar, si es que la ha visto?
Entretenidísima, especialmente la segunda mitad. James Cameron es el mejor director de acción que existe.
 
¿Se identifica con el tipo de cine que se hace en Hollywood?
Lo que se hace hoy en día no me gusta demasiado. Me ha dejado de interesar un poco el cine. También es cierto que el cine americano de los 40 y los 70 es el mejor que se ha hecho en la Historia, especialmente en los 70. Es muy distinto a lo de ahora. Si tuviera 17 años ahora mismo no sé si ahora me dedicaría al cine.
 
¿Será por falta de imaginación para contar buenas historias, usted que es guionista?
No creo que sea eso. El problema es que los que tienen las ideas se han quedado un poco al margen, sobre todo en el cine comercial. La manija la ha dejado de llevar la gente que ama el cine a favor de los que aman el negocio. Les interesa más el excel que el word. En cuanto al cine artístico, entre comillas, el cine de festival de hoy en día, me aburre soberanamente. No veo ningún Fellini, ni ningún Bergman, esas películas con humor y con una terrible hambre de vida que nos mostraban otro costado de la condición humana. Sólo veo películas soporíferas, con planos que duran 80 horas y que son tan lentas que parece que van marcha atrás.
 
¿Diría que esos guiones están escondidos, esperando a ver la luz?
Me parece que la gente que entró en el cine al principio venía de la vida, de contar historias de verdad. Ahora lo que se hace es una parodia o un homenaje, una copia de otras cintas, pero ya nadie habla de la vida.
 
¿Será que la vida no vende?
Yo creo que sí vende. Yo hago eso y vendo como loco. Por suerte, estoy en una posición en la que ya hago la película que quiero.
 
Volviendo a los Oscar. ¿Qué es lo que más le seduce de la gala?
La ceremonia es un ejercicio de frivolidad divertido, y como voy a ser totalmente ignorado e inadvertido, la voy a pasar bomba.

Al menos tendrá el aliciente de ver a los famosos, a las chicas guapas.
Bueno, eso ya nos pasó en el 2002 y todos lo comentamos entre el grupo de los que asistimos por “El hijo de la novia”. Son todas una desilusión. Las chicas más lindas eran todas las menos conocidas (risas).

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