El jugador brasileño Ronaldinho Gaucho anunció su retiro del fútbol después de dos años de inactividad

Una sonrisa tan grande que se le sale del rostro. Magia en los pies que se manifestaba en regates, bicicletas, rabonas, túneles y goles. Desde niño pícaro en su mirada y en la cancha de fútbol. Ronaldinho transformaba un balón en un vaso de arcilla que moldeaba a su gusto. Nació en Porto Alegre… ¿dónde más?

Ronaldinho fue poesía cuando el fútbol a veces era una prosa gris y plana. Hacía del rectángulo verde una mesa de billar donde ejecutaba sus carambolas de tres bandas. El gris pasaba a convertirse en una explosión de color cuando, desgarbado y atrevido, destrozaba cinturas con el balón cosido a los botines.

Pocos jugadores han provocado tanta felicidad en las gradas, frente al televisor y entre compañeros y enemigos. Ronaldinho es uno de ellos. Hay uno que, también brasileño, lo llamaban “la alegría del pueblo”. Su nombre era Garrincha. Casi un santo en aquel país. Pero Ronnie fue su versión corregida y aumentada.

Quedarán en el recuerdo sus jugadas, sus goles y sus grandes momentos, como aquel cuando fue capaz de recibir el aplauso de los hinchas del Real Madrid –un sacrilegio– luego de volver locos a defensas blancos y a Iker Casillas con dos de los tres goles con el que Barcelona los derrotó 0-3 en el clásico del 2005. La despedida de Casillas lo resumió así: “Me tocó sufrirte, pero como amante del fútbol también te disfruté”.

Otros grandes se han unido al coro de despedidas y alabanzas: Pelé, Maradona, Ronaldo, Messi, Neymar, Pirlo, Kaká. Dinho parecía disfrutar el fútbol más que todos ellos juntos. Tal vez no fuera así, pero es lo que transmitía. Por eso se le va a extrañar, por ser feliz y por hacer felices a los demás.

El adiós le llegó a los 37 años. Tenía dos de no ver acción. Fluminense lo disfrutó por última vez, pero su huella quedó plasmada en Brasil, Holanda, España, Italia y México, lugares donde esperan ser parte de la gira de despedida que pronto será anunciada, para rendirse otra vez a los pies del jugador más alegre del mundo. Queremos ver más Ronaldinhos. EC

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