La Selección Nacional disputa dos partidos que en otras circunstancias hubieran sido de trámite; ahora se le exige ganar y gustar

Las heridas de la paliza que Chile le dio a México en la Copa América Centenario, siguen cicatrizando… pero todavía arden. Su bálsamo podrían ser los dos partidos que tiene en su agenda para los primeros días de septiembre, dos compromisos que en otras circunstancias hubieran sido de puro trámite; ahora no, se espera, se pide, se exige que el Tri guste y gane.

El 2 de septiembre el equipo de Osorio se mete al Cuscatlán, una plaza ruidosa y complicada más por el ambiente en las gradas que por el fútbol que el equipo salvadoreño ha demostrado hasta ahora. México ya tiene asegurada su plaza en el hexagonal final. El Salvador se aferra a una última esperanza para calificar; eso y su conocida animadversión contra los mexicanos lo hacen más peligroso.

Cuatro días después México recibe en el Azteca a Honduras, otro que se estará jugando la clasificación, otro que se la tiene jurada a los de más al norte y que saldrá con toda la intención de echarle más sal a la herida del 7-0.

Justamente, para decirle a sus jugadores que borrón y cuenta nueva, el técnico del tricolor decidió convocar a la base de la Copa América; para hablar del tema y tratar de enmendar errores. Los que se suman a la lista son algunos de los olímpicos y tres delanteros que reemplazan al “Cepillo” Peralta y al “Chicharito” Hernández; ellos son Ángel Zaldívar, de las Chivas; Martín Barragán, del Atlas y Ángel Sepúlveda, del Querétaro.

No sé por qué hacen tan complicado eso de querer hablar de lo que pasó en la escandalosa goleada de los chilenos. La clave de Chile fue la intensidad, de principio a fin, en toda la cancha y de todos los jugadores; eso es algo que siempre se le ha indigestado al futbolista mexicano, acostumbrado a funcionar en segunda velocidad.

También está la parte mental. México no sabe cargar con la etiqueta de favorito, por eso se espanta cuando selecciones de poco peso le salen respondones; y por eso mismo se crece ante los grandes, porque se siente más cómodo dejándoles la iniciativa para convertirse en una especie de justiciero vengador. Veremos si hay transformación en el Tri o es más de lo mismo. EC

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