Para conocer México no basta con cruzar la línea fronteriza para irse a Tijuana a echar unos tragos y comerse unos tacos de carnitas. Este mes tiene que ser diferente. Se trata de ir más allá y empaparse con el México tradicional, con el México histórico que durante el mes de septiembre echará la casa por la ventana cuando celebre 200 años de la independencia y 100 de la revolución.

Prepare maletas, haga algunas reservaciones y apunte al corazón mismo de México para empezar su aventura. Allá encontrará una de las rutas turísticas más ricas e interesantes que cobran más relevancia en este mes patrio.

San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo y la ciudad Guanajuato, son destinos imperdibles para darse un quemón de lo que son las fiestas patrias mexicanas.

Para comenzar nada mejor que San Miguel de Allende, un lugar rico en tradiciones, magia y misticismo. Sus calles, sus plazas, y sus construcciones todavía dan testimonio del pasado colonial. Todo huele a viejo, a historia y a leyenda. Y mientras recorre sus calles empedradas déle gusto a la panza con unas ricas pacholas (frituras de carne molida de res), unas empanadas de carnitas, un fiambre estilo San Miguel y un delicioso dulce de leche.

Enfilando más al norte, por la carretera 51, se llega a la “Cuna de la Independencia”, Dolores Hidalgo, donde además de nacer Don Miguel Hidalgo y Costilla, también vio la luz otro grande del pueblo mexicano, aunque más contemporáneo, Don José Alfredo Jiménez.

Allí, donde “la vida no vale nada”, hay mucho que vale la pena. Dos visitas obligadas son al Museo-Casa de Miguel Hidalgo –donde vivió el cura– y el Museo de la Independencia Nacional. Ambos guardan muebles, documentos y otros vestigios de aquella época.

Luego, estire las piernas en la bella Plaza Principal y si el calorcito le aprieta, pruebe una de las tantísimas variedades de nieves que se venden allí. ¿Qué tal una de camarón, de cerveza, de tequila o hasta de rosas?… y hay más que ni se imagina.

Una vez comido y descansado, agarre camino hacia el meritito Guanajuato, donde lo esperan sus callejones, sus momias, sus charamuscas (dulces tradicionales) y sus numerosos museos.

Esta joya colonial despierta todos los sentidos, es como si no hubiera pasado el tiempo. La Alhóndiga de Granaditas se yergue casi intacta para recordarle al visitante la gesta heroica de aquel 16 de septiembre de hace doscientos años.

Inyéctele un poco de misterio a su paseo por esta ciudad y váyase a ver a las momias, siempre tan rígidas e imperturbables que dan miedo. Lo bueno es que solamente cobran vida en las legendarias películas de El Santo.

Para la juerga hay mucha vida nocturna y las tradicionales callejoneadas, un paseo a pie junto a otros desvelados acompañados por una estudiantina que interpreta temas que lo ponen a uno chinito de la emoción.

Los enamorados no se pueden perder una visita al “Callejón del beso”, allí le cuentan la historia del lugar y por supuesto tiene que aprovechar para plantarle un rico ‘picorete’ a su acompañante.

Si el dinero y las vacaciones le alcanzan, del 13 de octubre al 7 de noviembre se llevará a cabo el Festival Internacional Cervantino, el evento cultural más importante de México y que este año estará dedicado al Bicentenario.

Ya si de plano no puede aventarse este recorrido histórico, otra opción que le llenará el ojo es llegar directamente a la ciudad de México y celebrar “El Grito” junto a cientos de personas en El Zócalo.

El confeti, las cornetas (vuvuzelas mexicanas), los fuegos artificiales, las tortas, los huaraches y el tepache le ayudarán a aguantar el estar de pie tanto tiempo y los apretujones del gentío. Pero vale la pena.

Al otro día, ya más repuesto y tras la ingesta de un desayuno sustancioso consistente en un menudo ‘levantamuertos’ y una ‘chela’ bien fría, puede seguir visitando el resto de la ciudad. Se antoja, ¿no?

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