Junto a los curiosos y fanáticos están los de siempre, los periodistas, presentes en cantidades ingentes. De hecho, no falta ni uno. Japoneses, alemanes, británicos, argentinos. Uno de ellos especula, rellenando espacio televisivo después de dos horas sin nada nuevo que contar. “Ya andan detrás de las primeras fotos de Jackson muerto. Imagínense lo que pueden valer si las de Elvis Presley en su ataúd costaron una millonada en la época”, explica el informador de Telemundo, la cadena de televisión hispana.

De repente, se rompe la monotonía. El abogado de la familia Jackson sale por la puerta de atrás con ganas de hablar. “No hemos hecho otra cosa que llorar”, dice mientras los periodistas se agolpan a su alrededor. “La familia está destrozada. Todo es muy triste ahí dentro. Ya dije yo que Michael estaba tomando demasiados medicamentos y que esto podía pasar”, asegura.

Muerte de Michael JacksonNo sabe quién llamo al 911 —teléfono de emergencias— ni qué le causó la muerte a su representado, al que defendió, entre otros, en el caso de abuso a un menor en Santa María, California. Llora recordando a su cliente. “Yo le quería”, dice con lágrimas en los ojos.

En la otra punta, hay más risas que lamentos. Hay que celebrar, hacer sonar su música. La gente de color llega para darle la energía al asunto que nadie más es capaz de lograr. Bailan, cantan y gritan porque quieren hacerle un homenaje al más grande, al hombre que les hizo sentirse orgullosos de su raza aunque acabase pasándose al blanco. Cosas de la cirugía plástica que Jackson hizo parte de su vida.

“Ahora sé lo que sintió la gente cuando se murió Elvis, ser parte de algo histórico. Pero Michael era más grande porque todo el mundo le quería. Michael era diez veces más grande que Elvis”, dice August O’Neal, una de las que ocupa el círculo de baile instalado junto al control policial, a las puertas del UCLA Medical Center.

O’Neal reconoce, como muchos de los allí congregados, que ha sido fan de Michael desde que tiene uso de razón. “Le juro que cada año me disfrazaba de Michael por Halloween. Por eso le dije a mi novio: Dios comete errores, debió haberse llevado a O.J. (Simpson) y no a M.J.”, dice con una sonrisa irónica en los labios.

Vuelve a bailar mientras la prensa hace cola para entrar a la rueda de prensa. La fila da la vuelta a la esquina, y pese a estar allí 45 minutos antes, más de 100 periodistas se quedan fuera. Ya no hay espacio para escuchar a Jermaine, el hermano de Michael, explicando su tristeza y desolación.

Fuera sigue la jarana. Suenan los ipods con la música del rey. “Man in the mirror”, “Billy Jean”, “Thriller”. Cae la tarde y las emociones se multiplican. La gente de color bailarines sonríen y aúllan con los temas del mito fallecido. Todos quieren formar parte. “Nunca te olvidaremos Michael”.

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