Luca Verne. Los Angeles | 6 de abril de 2012
 

Una de las grandes capacidades de Estados Unidos siempre sido la de vender su producto en el extranjero, incluso el más casero, como “Los tres chiflados”, tres cómicos que se hicieron famosos por sus cortos en los años 20 y que ahora serán motivo de un largometraje, “The Three Stooges”, que se estrena este viernes.

 

La incógnita es saber si estos tres hombres de aspecto alocado y actitud infantil podrán levantar vuelo en mercados donde son menos conocidos, un temor similar, con mucha menos exposición, claro está, al de “Captain America” cuando fue estrenada a nivel mundial con la limitación de ser un personaje muy estadounidense y menos expuesto al resto del mundo. Al final recaudó más de 350 millones de dólares y cumplió, sin más.  

 

Los tres chiflados tienen a su favor el tener mucha más historia encima. Echaron a andar gracias al amor al teatro de dos de los integrantes del conjunto, los hermanos judíos Samuel y Harry Horwitz, dos jóvenes de Brooklyn que estudiaban para plomeros y electricistas cuando les surgió la oportunidad de hacer algo distinto.
 

El hermano menor, Harry, consiguió un trabajo de recadero en unos estudios de cine, la productora Vitagraph, lo que le abrió las puertas de extra en algunos de los rodajes. Poco después conoció a Ted Healy, un joven interesado en ser comediante con el que los hermanos completaron sin saberlo un trío histórico que después fue sufriendo cambios en su formación con varias incorporaciones hasta dar con la fórmula idónea.
 

La primera aparición del trío como tal fue en 1934 con un cortometraje musical llamado “Woman Haters”, para dar paso a más de 190 cortometrajes con la violencia física siempre presente, una lluvia de tortas, dedos en ojos ajenos y retortijones de orejas que los hicieron inmensamente populares.
 

La versión cinematográfica actual es un homenaje de Hollywood a aquellos personajes, con la habilidad innata de los estudios para encontrar a actores profesionales (o no) que se asemejen al mismo producto que otros estudios fueron capaces de generar hace ya varias décadas.
 

En el papel de Curly está William Sasso, un actor y guionista canadiense conocido por su trabajo en la comedia de televisión “MADtv” durante cinco temporadas. Le acompaña Sean Patrick Hayes, uno de los cómicos favoritos de la televisión estadounidense actual por su papel en el sitcom “Will & Grace”, donde interpreta al compañero de apartamento gay de la protagonista.
 

Cierra el trío Chris Diamantopoulos, también canadiense como Sasso y también comediante, un actor de 36 años nacido en Toronto sin experiencia en la pantalla grande. De origen griego, el marido de la actriz Becki Newton ha trabajado para varias series de televisión como “State of Mind” y “The Sopranos”.
 

Entre los tres llevan el peso de una cinta que confía en atraer a los nostálgicos de los tres chiflados y de paso incorporar a un público más joven y quizá nuevo al histórico trío. El argumento es muy fácil de digerir, masticado para que el espectador se limite a reírse con los golpes, muchos y variados, de peor y mejor gusto.
 

La historia transcurre en torno a tres niños abandonados en un orfanato y que ya de adultos terminan involucrados en una trama de un asesinato e incluso participando en un reality show de televisión.
 

Con un presupuesto de 40 millones de dólares bajo la bandera de los estudios MGM, recién salidos de la bancarrota, el proyecto se antojaba mucho más llamativo con nombres como Sean Penn, Jim Carrey y Benicio del Toro, pero se quedó con tres actores de menos nombres que en apariencia encajan mejor con los originales. Así se presentará ante un público siempre con ganas de chistes fáciles y de pasar un rato desenfadado. EC

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