El Rebaño Sagrado no gusta, no gana y no suma, por lo que las llamas del descenso ya se sienten cerca del llamado equipo de todos

Sigue siendo el equipo más popular de México, pero tiene sus asegunes. Chivas es un ícono representativo del estado de Jalisco, junto al tequila y el mariachi. Pero hoy el chiverío está con la soga al cuello, nadando contra la corriente para no ser arrastrado al precipicio.

Desde que Jorge Vergara tomó las riendas del equipo en el 2002 dejó de ser el equipo de todos y pasó a ser uno de los mayores activos en el portafolio de negocios del patrón millonario.

Es cierto que le ha metido mucho dinero a la inversión, que le dio un nuevo estadio al equipo y que contrató a varios entrenadores de primera línea, pero algo pasa que nada termina por funcionar.

¿Será que se ha perdido el orgullo chiva? Tal vez vaya por ahí el asunto. Los refuerzos que llegan parecen hacerlo por un sueldo y no por sentir de verdad el deseo de jugar con el otrora “campeonísimo”. ¿No será que los canteranos, que cada vez son menos, sueñan con seguir los pasos del “Chicharito” Hernández y salir lo antes posible del conjunto tapatío?

También cuenta la desesperación del ser supremo del chiverío que quiere resultados inmediatos, lo que lo ha obligado a cambiar estrategas como si se tratara de calcetines, algo que él no usa personalmente.

Ni los técnicos nacionales ni extranjeros, ni los refuerzos, ni el regreso de ex estrellas chivas, ni las terapias psicológicas, ni los rituales de energía cósmica que La Volpe ordenara a los jugadores, ni los castigos, nada ha servido para sacar al equipo del hoyo.

Queda menos de la mitad de esta temporada y las 17 fechas de la siguiente para que Chivas se aleje de las llamas del averno que cada vez están más cerca. La afición se mantiene fiel pero a la distancia, ya no llega al estadio como antes. El amor se ha ido extinguiendo paulatinamente. Hay que hacer algo, ¿pero qué? EC

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