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La directiva de los escualos anunció que todo el plantel estará transferible para buscar mejorar una temporada terrorífica

El “Pirata” Fuente vibra de fútbol. El calor del puerto contagia a su gente para darle todo su apoyo a sus Tiburones Rojos. Es una plaza con colorido, con sabor, con alegría. Pero no esta temporada. Los escualos terminaron penúltimos de la tabla general. Las consecuencias: todo el plantel fue puesto en calidad de transferible.

Es un caos en el seno del equipo jarocho. Las actividades políticas de su dueño, el señor Fidel Kuri, han provocado la amenaza de mover de sede a la franquicia y llevarla posiblemente a Celaya, si los Cajeteros no suben a primera.

Del lado futbolístico fue otro caos mayúsculo. Primero la salida de Carlos Reinoso del banquillo de técnico para llevar a Pablo Marini, quien se rindió ante los malos resultados y renunció al puesto. ¿La respuesta? Volver a contratar al “Mae’tro”. Pero ya el daño estaba hecho, el Tiburón ha había hecho agua.

El equipo le dio la bienvenida a 13 refuerzos para este torneo, pero sin resultados; es más, sus escasas figuras antes bien cotizadas, bajaron de juego alarmantemente, llámese Julio Furch, Gabriel Peñalba y Daniel “El Kekito” Villalba. Lo que merece un punto de análisis es que, en cuanto a las bajas, que fueron 12, once de fueron de jugadores mexicanos a los que enviaron, en su mayoría, a equipos del ascenso. ¡Ya ni la amuelan!

Reinoso ya dijo que espera refuerzos que cumplan en la cancha y que se va a enfocar en reparar el desbarajuste que encontró en la plantilla, en la que, manifestó, es el colmo que tengan hasta 8 contenciones, pero no laterales ni suplentes para el delantero estrella, el argentino Furch.

El técnico, la afición y la historia de los escualos exigen que el equipo haga pesar el “Pirata” Fuente, que sea una fortaleza inexpugnable, que los rivales se sientan incómodos y temerosos de visitar el puerto y de que no vayan en plan de turistas. Eso es lo que se va a buscar para el 2017, claro, si al jefe no se le ocurre la puntada de, por puro negocio y riñas políticas, llevarse a los Tiburones a navegar en otros mares. EC 

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