La dedicación y el altruismo de los pilotos de Angel Flight West merece grandes titulares. Su misión más importante es salvar vidas… en el aire

Cuando a la familia Rodas le dijeron que la única posibilidad que tenía su hija recién nacida de sobrevivir era recibir un transplante de riñón, el mundo se les vino literalmente abajo. Pero ahí no quedaba todo, ya que hasta conseguir el transplante, la pequeña Elsie necesitaría someterse a diálisis constante en el hospital Cedars-Sinai de Los Angeles, situado a unas 180 millas de su casa.

Para la familia del pequeño Iván Flores, las noticias no han sido mejores últimamente, ya que con tan solo dos años el pequeño Iván acaba de ser diagnosticado con retinoblastoma, un cáncer ocular que se origina en la retina. Por el momento, el tratamiento consiste en recibir quimioterapia en el Children’s Hospital de Los Angeles, lo que supone un recorrido para la familia Flores de unas tres horas por carretera desde su casa en Santa María, situada en el Valle Central de California.

Afortunadamente estas familias y tantas otras han podido sustituir los tediosos, y en ocasiones complicados, desplazamientos por carretera por cómodos viajes en aviones privados. Todo gracias a la generosidad sin límite de los pilotos de la organización no lucrativa Angel Flight West, que hace más de 30 años decidieron unirse para poner su tiempo, sus aviones y su pasión por volar al servicio de los más necesitados.

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La familia Flores con su hijo Iván y el piloto Peter Bernardin en el aeropuerto de Santa Mónica

Así ha sido para Peter Bernardin, uno de los 1.500 pilotos que forman parte de esta organización y que un buen día decidió que su trabajo como piloto para la compañía Boeing no era suficiente. Han pasado veinte años desde entonces y hoy, ya retirado, se enorgullece de que su pequeño avión Piper Cherokee haya transportado a más de 400 personas enfermas, una misión que se ha convertido en la más importante de su vida.

“Cada día lo primero que hago cuando me levanto es ver si hay alguna misión disponible “, afirma mientras prepara su avión en el aeropuerto de Santa Mónica, justo antes de llevar al pequeño Iván de vuelta a su casa en Santa María. “Esta es la tercera vez que transporto en mi avión a esta familia y estoy muy orgulloso de ello porque Iván está muy enfermo y nos necesita mucho”.

Daniel Flores es el padre de Iván, un mexicano de 23 años de semblante amable, que no puede reprimir la emoción antes de cada vuelo. “Es muy triste que nuestro hijo esté tan enfermito pero a la vez es algo increíble lo que hacen estos pilotos por nosotros. Antes de encontrarlos, el viaje desde Los Angeles a Santa María era muy difícil porque mi niño se enfermaba mucho en nuestro auto después de recibir su quimioterapia”. Ahora, explica Daniel, sus vidas son un poco menos complicadas.

Rosa, la madre de Iván, cuenta como al principio su hijo se ponía a llorar en cada vuelo, “pero míralo ahora”, dice sonriente, “hasta se duerme de lo relajado que está”. Escuchar el testimonio de esta inmigrante de 25 años mientras se sobrevuela el Océano Pacífico de camino a Santa María es bastante sobrecogedor y casi surrealista.

“Cada vez que venimos a Los Angeles es una lucha por salvar el ojo de mi niño y lo que esperamos es que la quimioterapia lo cure. En Santa María no nos podían dar estos cuidados médicos, por eso yo digo que todos los que trabajan para esta organización son auténticos ángeles”.

Celsa Rodas con su hija Elsie
Celsa Rodas con su hija Elsie, afectada por una enfermedad de riñón

La misma opinión la comparte Celsa Rodas, la madre de la pequeña Elsie, que ahora tiene ya tres años y que por fin ha conseguido un riñón nuevo. “Todo esto ha sido muy duro para nosotros porque yo no manejo y mi esposo no podía dejar de trabajar ni un solo día en el campo para venir a Los Angeles, ya que él es el que nos mantiene a todos. Si no hubiera sido por Angel Flight no sé que hubiera sido de nosotros”.

La situación, aunque todavía crítica para Elsie, ha mejorado considerablemente. Ahora ha empezado a comer más alimentos y ya hay planes para que vaya a la escuela. “Por eso la llaman la niña milagro”, afirma entre lágrimas la madre de Elsie, a punto también de subirse a la avioneta que la llevará de vuelta a casa.

Precisamente, los milagros es lo que parece no tener fin en esta organización caritativa, que desde 1983 ha realizado más de 65.000 vuelos transportando a miles de pacientes de todas las edades, a lo largo de trece estados de la costa oeste como California, Arizona o Nuevo México.

Josh Olson, director ejecutivo de Angel Flight West, explica desde la sede de la organización en el aeropuerto de Santa Mónica, el papel tan importante que juegan en la comunidad.

“La mayoría de nuestros pacientes viven en áreas rurales y tienen muy pocos recursos económicos, por lo que les es muy difícil recibir el mejor tratamiento disponible para su enfermedad. Nosotros nos encargamos de que el transporte no sea un problema y les llevamos allí donde les vayan a dar el mejor cuidado sin costo alguno para el paciente”.

Una meta que Angel Flight piensa seguir cumpliendo en 2016. “Sabemos que hay mucha gente que nos necesita y lo que queremos es ayudarles a todos”.

Por algo les llaman los ángeles del cielo.

Angel Flight West

3161 Donald Douglas Loop S, Santa Monica, CA 93532

(310) 390-2958

www.angelflightwest.org

Un agradecimiento especial va a para todos aquellos que han permitido que esta historia sea posible, entre ellos Karina Carrero, consultora de markéting y especialista en socia media (@Karinalcarrero) y para Stephen Danz, presidente de la mesa directiva de Angel Flight West y también “senior partner” de la firma de abogados Danz & Associates.

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