Miles de personas afectadas por enfermedades mentales o violencia doméstica disfrutan de una vida mejor gracias a la organización Amanecer

Por Alicia G. de Angela | @Aliciangela

Para muchos, empezar una nueva vida significa cambiarse de casa, comprarse un auto nuevo o encontrar un trabajo. Todo un privilegio, si se ve desde el punto de vista de aquellos cuya mayor preocupación es superar sus problemas de depresión y ansiedad, y los trámites causados por abusos o violencia doméstica.

Las 140 personas que trabajan para la organización comunitaria Amanecer conocen muy bien todos estos problemas, y les hacen frente de la mejor manera posible: con tratamientos y terapias destinados a romper un ciclo que en ocasiones afecta a varias generaciones.

Mireya Aguilar
Mireya Aguilar, una víctima de la violencia doméstica.

Así ha sido para Mireya Aguilar, una mexicana de 52 años, que llegó hace más de dos décadas a este país huyendo de la miseria, de un padre alcohólico y de una madre sin la fuerza suficiente para decir no a los abusos. Pero una vez en Los Angeles, Mireya se encontró con algo mucho peor, ya que ella misma fue víctima, en varias ocasiones, de unos abusos físicos y psicológicos tan brutales que la dejaron con la autoestima por los suelos durante muchos años.

“Cuando conocí a mi primera pareja, fue una atracción fatal”, comenta Mireya mientras se ríe de forma nerviosa. “Yo que siempre he creído en la unión familiar, me encontré con dos personas que me castigaban y me golpeaban por querer tener un trabajo y cierta independencia”.

Los castigos y los golpes duraron muchos años, y también los insultos, las vejaciones y las infidelidades con mujeres mucho más jóvenes que ella. En todo este tiempo, Mireya tuvo tres hijos, otra excusa más usada por sus maltratadores para tenerla bajo control. “Mi primer compañero no me dejaba salir de casa, me hizo dejar mi trabajo y me amenazaba con quitarme a mi hija y con asesinar a mi familia. Hasta llegué a pensar que me iba a matar a mí también”.

Tras mucho sufrimiento y con el alcohol y las drogas de por medio, Mireya logró dejar a su primera pareja, y en poco tiempo conoció al que pensó que iba a ser el hombre de su vida. Nada más lejos. “Al principio me pareció una persona cariñosa y responsable, que me iba a ayudar a cuidar de mi hija, pero resultó aún peor. Me quitaba el poco dinero que ganaba, me pegaba, me pateaba en el suelo, me agarraba los cabellos y mil cosas más, hasta que por fin un día, me atreví a denunciarlo a la policía”.

Mireya finalmente dejó a su segunda pareja y se dedicó a sacar a sus tres hijos adelante como bien pudo, pero, de alguna manera, seguía pensando que ella también tenía parte de culpa en los abusos que había sufrido. “Nunca me atreví a ir a ningún sitio a pedir ayuda, hasta que una amiga mía me contó acerca de Amanecer. Aquí aprendí a tener autoestima, confianza en mí misma y a buscar soluciones positivas a mis problemas. Ahora soy feliz por primera vez y estoy centrada en que a mis hijas no les pase lo mismo que a mí”.

edificio AmanecerTim Ryder es el director ejecutivo de Amanecer y explica, desde sus oficinas en el centro de Los Angeles, cómo “en el caso de violencia doméstica y los abusos, el ciclo solo se rompe si se apoya a todos los miembros de la familia abusada, aunque solo sea un miembro el receptor de los maltratos”.

Por eso, explica, que aunque atienden a 1.800 personas cada año, en realidad son 5.000 porque sus servicios involucran a familias completas, siempre de bajos recursos y desde los 0 a los 100 años. “Los abusos no discriminan, pueden ocurrir a cualquier edad, a hombres y a mujeres y también a ancianos. Aquí nos ocupamos de todos, incidiendo mucho en los más jóvenes porque sabemos que ellos son los más perjudicados por los problemas de sus padres. Es la mejor forma de prevenir que a ellos les suceda lo mismo”.

En los últimos años, Amanecer, cuyos pacientes son en un 85 por ciento latinos, sigue creciendo. Ha ampliado sus servicios de terapias a los niños inmigrantes que llegan solos desde Centroamérica, ha logrado un contrato con 16 escuelas del Distrito Unificado de Los Angeles (LAUSD) para prestar apoyo a niños con problemas y se esfuerza en tener una mesa directiva con miembros que lo dan todo por la organización.

María López, socia del restaurante Candela, forma parte de esta mesa directiva desde hace dos años y dice haber visto el milagro que realiza Amanecer en la comunidad. “He conocido a mujeres que han sido abusadas, sin dinero, ni educación, ni nada y que ahora tienen un trabajo, una casa y la satisfacción de poder mantenerse por sí mismas. Para mí no hay mayor orgullo que ser partícipe de estas historias de éxito”. Unas historias que la organización Amanecer ha hecho posible en sus más de 40 años de existencia y que planea seguir realizando durante muchos años más. EC

Amanecer | amanecerla.org
1200 Wilshire Blvd., Suite 200, Los Angeles, CA 90017 | Tel: (213) 481-7464

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