La propiedad saldrá la mercado por 200 millones de dólares, un lugar cargado de referencias culturales y erótico festivas

Por fuera la leyenda se sostiene, aún presuntamente intacta, sin excesivas fisuras. Pero por dentro urge un cambio, una inyección de capital. De acuerdo a TMZ, la mansión Playboy está en venta, y con ella, todo su legado, sus 89 años de historia, sus incontables noches de lascivia y lujuria.

La realidad es que el edificio en cuestión ya no vale ni la mitad de lo que solía y que ese precio astronómico de salida, los 200 millones de dólares que piden, es mera especulación basada en el valor nostálgico de la propiedad. De hecho, los expertos en el asunto aseguran que lo que vale es el lote y no la casa, urgida de renovaciones, y que en la comparación, ese pedazo de tierra no superaría hoy ni los 60 millones de dólares, más o menos lo que se pagó por una propiedad similar hace unos meses.

Pero no deja de ser cierto que el valor cultural de la mansión de la conejitas es innnegable en una ciudad tan acostumbrada a nutrirse de las glorias y las miserias de sus estrellas del cine y la televisión. La residencia del magnate más célebre del universo erótico, Hugh Hefner —ubicada en el 10236 de Charing Cross Rd., en Holmby Hills—, es parada obligatoria para las múltiples visitas guiadas que existen en Los Angeles, con sus furgonetas de techo descubierto y las manadas de turistas chancleteros ávidos de una foto de la fachada, de la piedra en la que está escondido el telefonillo que da acceso a la mansión.

El resto toca dejarlo a la imaginación, repleta de lugares comunes gracias a una cantidad incontable de películas, a la canción de U2, “Playboy Mansion”, y a historias en torno a los litros de champán y las montañas de sexo que han corrido por sus 22 habitaciones, su pista de tenis, su célebre piscina y la gruta que mandó contruir Hefner para dar rienda suelta a su imaginación erótica con cuanta conejita tuvo a bien posar para su revista y pasar después por su cama para correrse una buena juerga.

Conejitas

La última historia en relación a la residencia de estilo tudor gótico, por desgracia, tuvo que ver con un actor hasta hace poco querido, un Bill Cosby que ahora es sinónimo de alcohol, drogas y abuso a mujeres que jamás quisieron llegar hasta esas instancias con él.

Cosby, como muchos otros amigos personales de Hefner, tuvo acceso a las incontables fiestas que solía organizar el empresario de Chicago, aunque la mayoría de las anécdotas son de corte más festivo. Pecaminosas, entenderán algunos, pero favorables a la leyenda.

Las referencias son incontables. En 1987, Eddie Murphy, como protagonista de “Superdetective en Hollywood 2”, entró reventando una fiesta con una hormigonera, interactuando incluso con el propio Hefner antes de que fuera echado a patadas de la residencia. También pasaron por allí las chicas de “Los Angeles de Charlie” y se usó, hace unos meses, como residencia de Mark Whalberg en “El jugador”, por nombrar algunas de una larga lista.

Pero más allá de la ficción, que siempre engrandece, hay historias a puñados sobre el desmadre derivado de sus bacanales. En los anales de esa residencia figura un ilustre e inesperado John Lennon, que al parecer se agarró una cogorza contundente en los 70 —en la época en la que estaba separado de Yoko Ono— y la emprendió con una de las obras de arte más sagradas para Hefner, un Henri Matisse que el ex Beatle descolgó de la pared y usó de cenicero. Al parecer, el cuadro sobrevivió a la celebración y sigue estando ahí, resistiendo el paso del tiempo.

En una lista negra similar está Luke Wilson, el hermano menor de Owen Wilson, que trató de hacerse pasar por el protagonista de “Zoolander” para entrar en una fiesta. Por desgracia para él lo descubrieron y le prohibieron el acceso a la casa durante un año, como si tratara de la discoteca de moda de la ciudad. De alguna manera, y durante décadas, así ha sido.

No es el único al que le prohibieron la entrada a un evento privado. Reggie Bush y Cade McNown, jugadores de fútbol americano, tuvieron problemas, uno de ellos, McNown, por haberle ‘robado’ una novia a Hefner, como si no hubiera tenido bastantes.

En eso también la nómina es extensa, chicas que le dieron aún más fama al lugar y que se encargaron de retratar la mansión, con programa de televisión incluido. “The Girls Next Door” duró cinco años en emisión, un reality sobre la relación de tres conejitas, Holly Madison, Bridget Marquardt y Kendra Wilkinson, con el “maestro del sexo”.

Gracias a ese íntimo relato televisivo, los espectadores y aficionados a la marca pudieron conocer más de cerca las veladas que pasaba Hefner con sus chicas durante el 4 de Julio, o los combates de boxeo que durante años organizó en el jardín de la casa con el beneplácito de ESPN. Fiestas de cumpleaños, eventos culturales, ocasiones para recaudar fondos. De todo.

El asunto terminó y la relación poligámica se vino abajo, con las consiguientes críticas por parte de las chicas. No fueron las únicas. De acuerdo a otra ex novia de Hefner, Izabella St. James, la vida en la mansión de Holmby Hills, el mismo vecindario en el que falleció Michael Jackson en 2009, no era tan libertina como todo el mundo pensaba.

St. James habla de un estricto toque de queda a las 9 de la noche, “a no ser que hubieras salido a cenar con él”. Habla además de la prohibición estricta de pisar la cocina ni para ir a buscar un vaso de agua.

Eso lo contó en unas memorias, sumándose a la cuantiosa documentación que existe sobre el lugar, con datos sobre su arquitectura de 1927 y sobre la cantidad de mujeres que se cree pasaron por la cama de Hefner. Más de mil, según la leyenda. Existe incluso un documental sobre su historia: “Inside the Playboy Mansion”.

Todo eso ahora se vende. La señal que envía, en cualquier caso, no es buena. A nadie se le escapa que el imperio Playboy se está viniendo abajo sacudido por las cantidades ingentes de pornografía que se consume de forma abierta y gratuita por internet. Ya casi nadie paga por el cine para adultos, algo que de hecho llevó a la empresa a dejar de publicar fotos de chicas desnudas en portada, la parte fundamental de su identidad.

Aún así y pese a la que está cayendo, Hefner quiere morir en su templo, y así lo estipulan las condiciones redactadas por Playboy Entreprises para la venta de la residencia. De acuerdo a varias fuentes, el empresario de Chicago paga algo más de un millón de dólares al año por vivir allí,  una generosa porción de la residencia para él, su familia y sus amigos.

El resto del espacio, es de suponer, seguirá siendo usado para fiestas benéficas, para los incontables rodajes que llaman a sus puertas cada mes, e incluso para un museo, quien sabe. Material hay más que de sobra. EC

Más artículos de interes