Guillermo del Toro ha vuelto con “Crimson Peak”, un romance gótico que escribió justo después de “El laberinto del fauno”

En sus muchas biografías no hay un Oscar que resaltar. Aún no ha logrado sumarse a lo conseguido por sus ‘compadres’ mexicanos, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón con “Birdman” y “Gravity”, respectivamente, pero lo cierto es que no hay premio que pueda equipararse a lo que Guillermo del Toro representa para Hollywood. Es, directamente, un fenómeno de masas. Un ídolo.

Cada proyecto que acomete es motivo de una expectación inusitada. Con “Crimson” Peak no ha habido excepciones, un romance gótico, como él mismo lo tilda, con dosis de terror y una mansión inglesa desvencijada de fondo. Por lo poco que se ha visto, lo suyo es de nuevo un ejercicio meticuloso, elegante y pulido visualmente con dos distinguidas damas de la interpretación al frente: Mia Wasikowska y Jessica Chastain.

Es además un impulso renovado a un género de terror que el propio Del Toro considera que cae con frecuencia en lo banal y lo comercial. Lo suyo en cambio, producto de una obsesión desde siempre, es muy diferente.

¿Diría que le afecta de alguna manera el descrédito que existe en torno al género de terror que tanto venera?
Me gusta que las películas que produzco y dirijo vayan mucho mas allá del género como vehículo comercial. La cinta tiene que tener una factura visual muy rica y muy trabajada, que no se asuman las reglas convencionales del género solo para asustar, sin atmósfera, una idea o un punto de vista diferente. Aún así yo siempre supe que era el género que me interesaba y por eso siempre cabalgo entre el cuento de hadas y el cuento de terror.

¿Recomienda seguirle apostándole al terror entonces?
Yo conozco mucha gente que no ven ni terror ni porno, y siempre le digo lo mismo: pues tú te lo pierdes (remata con una carcajada).

Lo bueno es que con Mia Wasikowska y Jessica Chastain es difícil hacer algo convencional o de mal gusto. ¿Por qué ellas en particular?
Es que esto no es una película de horror sino un romance gótico. Y te hablo de “Rebeca”, de “Cumbres borrascosas”, de “Jane Austen”, películas que tienen un pedigrí que ha contado con actores muy potentes. Normalmente son personajes dramáticamente muy interesantes, mujeres muy enfermizas, muy barrocas, y necesitas actores que puedan hacer frente a un reto así.

Usted escribió “Crimson Peak” justo después de “El laberinto del fauno”. ¿Diría que hay retazos de aquello en esta cinta?
Yo creo que sí, porque aún en películas tan grandes como “Pacific Rim” hay un tono intimista. Siempre trato de ser fiel a mí mismo y nunca abordo un proyecto que no me interesa de manera profunda y vital. Con esta diseñamos los muebles, la casa, el vestuario, todo. Tiene un nivel de factura visual profundamente comprometida, que es parte de contar la historia.

Pese al interés que despiertan sus películas, tienen una tendencia a tardar una eternidad en ver la luz. ¿A qué lo atribuye?
El estado natural de una película es no existir. Después uno logra que vean la luz a fuerza de voluntad. Alfonso (Cuarón) tardó cinco años entre una cinta y otra hasta llegar a “Gravity” por los azares brutales del destino. Se me han quedado varios proyectos sin hacer, pero la realidad es que ya voy por las 10 películas y me tranquiliza llegar a los dobles dígitos (risas).

Es usted uno de los directores de mayor prestigio de la industria aunque anda lejos de la estela de los Oscar. ¿Piensa hacer algo al respecto?
La única vez que ha sucedido fue con “Hell Boy” en maquillaje, además de las seis nominaciones de “El laberinto del fauno”, que son cosas que suceden dentro de la misma línea de trabajo que yo sigo. Y no creo que yo vaya a virar por lograr un premio. No puedes vivir tu vida así, aunque si sucede me encantará. Soy fiel al género y si alguna vez hay un proyecto sin monstruos será natural, nunca planeado. “El corazón es un cazador solitario”, por ejemplo, es un libro muy cercano a mi que me gustaría hacer, y me encanta Juan Rulfo, que tampoco tiene ecos fantásticos.

¿Cómo valora lo logrado por su colegas en los Oscar, el orgullo de México como son Cuarón y González Iñárritu?
A nivel personal una felicidad enorme, pero tengo que decir que a nivel de oficio los dos han hecho obras acojonantes. Han empujado el lenguaje mismo del cine. Ayer estuvo Alfonso en Toronto viendo el corte de mi película y yo con Alejandro viendo el corte de la suya. Es una amistad que nos permite alegrarnos por el éxito del otro porque es una amistad generosa y buena.

¿Qué le parece lo que dice su ‘cuate’ Iñárritu, que las películas de superhéroes son un genocidio cultural?
La opinión de Alejandro puede ser profundamente válida a nivel de mercado, pero para mí no hay un género maldito. Hay buenas y malas películas de comedia o drama, y lo mismo sucede con las de superhéroes. No es tanto culpa de las historias como del mercado. Hay una voracidad preocupante. Pero también hay películas de superhéroes muy buenas que tienen el sello personal de quien las narra. El ejemplo que me viene a la cabeza es Chris Nolan. Mi opinión es más mesurada por un amor al cómic y por una idea de que lo preocupante no es el género sino el mercado.

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