La Femexfut y Conmebol no se pusieron de acuerdo y México decidió no participar en la Copa Libertadores

Una relación de 18 años terminó de forma abrupta. Por causas irreconciliables e incompatibilidad de carácteres, México y la Libertadores decidieron cortar por lo sano y caminar en distintas direcciones.

Cada uno expone sus razones. Habrá pérdidas en los dos bandos. Y mientras que unos apoyan la decisión de que México optara por la retirada, otros la reprueban enfáticamente.

Lo cierto es que jugar la Copa Libertadores era para los equipos mexicanos una forma de competir contra equipos fuertes, mañosos, cancheros, de esos que te obligan a mejorar en la cancha, a estar alerta los 90 minutos del partido, a no dar una pelota por perdida. Vaya, te sacan del a veces fútbol más apático que se practica en la liga mexicana o en torneos de la Concacaf, donde no se les exige al máximo.

La decisión está tomada, aunque dicen que dejaron una rendija abierta para una posible reconciliación. Mientras tanto, las Chivas se quedaron con las ganas de participar en el torneo venidero, uno que le serviría para potenciar esa maquinaria que tiene por el momento. Junto al equipo tapatío también se llevaron al baile a los Xolos de Tijuana y a uno tercero por definir, estos dos últimos con boleto directo al certamen.

Es un hecho que uno es más fuerte cuando se compite con los mejores. Eso no lo entendieron los que toman las decisiones en México. No quisieron amoldarse a las reglas de la Conmebol. Después de todo, es su torneo y ellos tienen derecho a jugarlo según sus condiciones, condiciones que los demás países participantes sí pudieron acatar.

Da la impresión que prefirieron deshacerse de la molestia de los viajes largos, de los entornos hostiles, de la incomodidad. Pero es solo entonces cuando se pulen las deficiencias, cuando se endurece el espíritu, cuando cambia tu mentalidad, esa que le ha causado mucho daño al futbolista mexicano.

Una consecuencia peor de esta separación es que se pone en riesgo la participación de México en la Copa América. Es como si en un divorcio los que quedan pagando son los hijos. ¿Será verdad lo del año sabático? ¿Cuando los dos se den cuenta de lo que perdieron, se volverán a unir? Solo el tiempo lo dirá. EC 

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