Los aficionados del Cruz Azul ya no saben dónde meter la cabeza por tantas “cruzazuleadas” del equipo. ¿Qué le pasa a La Máquina que ha dejado de ser un equipo grande?

Este dolor que no pasa. Esta herida que no cierra. La “carrilla” en su máxima expresión. Los aficionados celestes ya no saben dónde meter la cabeza. Encima, el equipo no pierde “normalmente”, sino que lo hace de forma increíble en situaciones delicadas y con rivales insoportables para la institución azul. Ya no le queda la etiqueta de equipo grande.

Nadie se explica lo que le pasa al Cruz Azul. Tiene una de las mejores instituciones deportivas, pero ya van más de 18 años sin ganar un título de liga. Se habla de maldiciones, de técnicos ineptos, de directivos incompetentes, de jugadores mediocres y sin corazón, de mala suerte, etc. Lo cierto es que el equipo la sigue “cruzazuleando”.

América ya le metió dos estocadas que han dejado huellas profundas. Una en la final del Clausura 2013 con el gol de Moi Muñoz en tiempo de descuento. Con esa última jugada perdieron un campeonato que ya tenían en la bolsa. La otra ocurrió hace unos días con una voltereta que los azules todavía no terminan de asimilar.

¿Por qué La Máquina la “cruzazulea” tan seguido? Hay de todo. El considerado equipo grande no puede encontrar un estilo que lo defina, como en su época gloriosa cuando le pasaba a todos por encima. No es defensivo ni ofensivo. No presiona. No espera. No contragolpea. Tiene buenos jugadores, aunque hay otros que nunca terminan de encajar y nadie se explica cómo llegaron a ser parte del plantel. Con tantos cambios, hay pocos que de verdad sienten los colores del equipo y a los chavos de la cantera los mandan a la filial, a otros equipos o los ponen a calentar banca. No hay un balance entre juventud y experiencia.

Luego está la parte mental, esa que causa estragos con apenas un asomo de tormenta. Cuando les ha tocado jugar una final, de pronto les entra un pánico que termina por paralizarlos. Cuando un rival dominado les contesta un golpe, se acobardan y se arrinconan. Tomás Boy también ha terminado por afectar al grupo. Sus conocidas formas de dirigir han causado problemas hacia adentro. Nunca fue la solución que se necesitaba.

Pero no hay que claudicar. Hay que seguir cargando la cruz. Mientras, no queda más que aguantar las burlas y pensar que esto va a acabar pronto. EC

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