Real y Atlético disputan la final madrileña de la Champions en Milán, dos años después del título que los merengues le arrebataron a los colchoneros

Un cabezazo milagroso de Sergio Ramos en tiempo de descuento le dio vida a un Real Madrid que estaba en la lona. Era la final de la Champions del 2014 en Lisboa. El vecino de los blancos, un plebeyo dirigido por un obrero irascible llamado Diego Simeone, estuvo a segundos de consagrarse como el mejor de Europa, pero el tanto de Ramos forzó el alargue. Allí se derrumbó el colchonero. Y de repente el enemigo estaba más entero que nunca. Tres goles más le dieron al Real su décimo trofeo.

Llegó la hora de cobrar afrentas. Atlético de Madrid tiene sed de venganza. Se dirige a Milán para pelearle al Real en un terreno neutral. Vuelve a quedar abajo en las apuestas, pero eso lo hace más fuerte, más peligroso, más impenetrable. Tiene en sus manos la oportunidad de ganar su primera orejona. No quiere dejarla ir otra vez.

El equipo rojiblanco aprendió a jugar por nota. No encanta ni enamora como el Barcelona. No embelesa ni emociona como el Real Madrid. Pero es práctico, sólido y certero. Sabe soportar de pie cualquier bombardeo y cuando puede, asesta golpes letales. Es el “cholismo” en su máxima expresión. Todos corren todo el tiempo, y se separan y se vuelven a juntar como un sola célula.

Real hizo apenas lo suficiente para llegar. Le tocaron los rivales más accesibles pero no terminó de convencer. El 28 de mayo tendrá que apelar a todos sus recursos. Contra el sistema del “Cholo” Simeone debe exigirse al máximo. La total recuperación de Cristiano Ronaldo le dará más poder al ataque. Sin el portugués en la cancha es un equipo medio chato. Pero es el Real, un equipo acostumbrado a ganar las grandes batallas. Sería el premio gordo para Zidane.

Habrá intensidad, pierna fuerte y mucho músculo. Unos atacando y los otros aguantando y esquivando para colocar su mejor golpe. El fragor de la batalla será en la media cancha, allí donde se aglomeran los que organizan con los que destruyen. Arriba la BBC deslumbra, pero Griezmann y el “Niño” Torres son especialistas en sacarle agua a las rocas. Ojalá y no nos decepcione esta final madrileña. EC

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