¿Por qué el mediocampista tamaulipeco nunca pudo encontrar en Chivas el nivel que tuvo con el León?

Hay muchas personas a las que no les agrada salir de su zona de confort, que no necesitan mayores retos para ser más felices o plenos; en fin, que se sienten bien donde están y con lo que hacen.

Carlos Gullit Peña era feliz jugando con los Panzas Verdes del León. Fue pieza clave para que el equipo lograra el ascenso en el 2012 y uno de los pilares del bicampeonato de los Esmeraldas ya en primera división. La gente lo idolatraba. Él respondía con goles y con regularidad. Se le veía contento al lado del “Chapito” Montes y del “Gallito” Vázquez. Eran “los tres mosqueteros” de La Fiera.

Chivas estuvo tres años tras sus huesitos, hasta que el año pasado pudo atraparlo con una millonaria oferta de 8 millones de dólares. Pero el Gullit Peña nunca pudo adaptarse a su nuevo equipo, a su nueva vida, a su nuevo desafío de estar en un equipo grande.

Con el Rebaño probó en una nueva posición que no era la suya. Nunca fue comandante en el León, era el respaldo, el segundo de a bordo, así es como rendía más, jugando como un segundo contención en lugar de media punta. El resultado es que cada vez se veía más apagado, más frustrado, más desesperado con los tapatíos.

Luego tuvo que cargar con problemas personales que empeoraron su situación, con su sonada afición a la vida nocturna y con sus constantes salidas al bar que tiene en la ciudad cuerera. Hasta en la parte física se vio de mal en peor: el que antes era un tanque cuando iba al frente, se convirtió en una delicada flor que se iba al césped ante cualquier embestida de un jugador rival; y cuando tuvo en sus botines goles vitales en momentos importantes los dejó ir de una forma grosera.

Cuando salió del León lloró amargamente. Era un mal presagio de que no estaba a gusto con el movimiento. Se le trató de ayudar en Chivas, pero hubo escasos resultados. Los aficionados del Guadalajara terminaron por repudiarlo. Era una situación insostenible. Finalmente, las piezas se acomodaron para que Peña regresara a su antigua querencia, al lugar de donde nunca debió de haber salido, incluso rechazando una mudanza al equipo de Querétaro. León y el Gullit Peña, juntos otra vez. EC 

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