Estados Unidos y México se enfrentan en San Antonio con cuadros “locales” para medir fuerzas de cara a la Copa Oro

A quién le dan pan que llore. El tricolor mexicano aprovecha cualquier oportunidad para jugar en Estados Unidos partidos amistosos. Los que son en fecha FIFA no puede por decreto, pero si no también jugaría de este lado.

Lo económico es la parte principal. El equipo de Miguel Herrera se lleva carretadas de dinero cada que pisa terreno norteamericano. El presidente de la Femexfut, Justino Compeán, declaró que ganan más jugando acá que en su terruño y que la organización también es menos complicada.

El partido del 15 de abril en el Alamodome de San Antonio, Texas, será otro aluvión de billetes a las arcas de la federación azteca. Hay lleno confirmado en el estadio que tiene capacidad para 65 mil aficionados. Negocio redondo. Y eso que los dos equipos saldrán a la cancha sin sus grandes figuras, solo con jugadores del ámbito local. Pero a la gente no le importa. Es un clásico y como tal, hay que ganarlo.

El equipo verde que ahora se viste de negro tiene varias sorpresas. Destaca el regreso del “Chapito” Montes después de su aparatosa lesión del año pasado. Otros que aparecen como una incógnita son el “Chaka” Rodríguez, el “Chispa” Velarde, Mario Osuna, el “Cata” Domínguez, Carlos Salcedo y Jonathan Orozco, entre otros.

Del otro lado las cosas están igual. Los “locales” se abastecieron con elementos de la MLS y de la Liga MX. Levantan la mano como estandartes Michael Bradley y Clint Dempsey, dos que quieren derrotar a México a como dé lugar. Llama la atención el comando “mexicano” que jugará o que espera jugar con los del norte: Ventura Alvarado, William Yarbrough, Michael Orozco, Greg Garza y Joe Corona.

El último amistoso entre estos dos equipos terminó empatado a dos goles. Ya no hay supremacía mexicana. A pesar de la falta de figuras será un encuentro intenso, de pierna fuerte y del deseo de vencer al archienemigo. Después de todo, es un clásico. EC

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