Lo mejor que le pudo haber pasado al delantero tapatío fue salir de Chivas y destacar en un terreno desconocido

La vida da revanchas. La adversidad puede ser el mejor acicate para triunfar. Erick “El Cubo” Torres es un claro ejemplo de ello. El nacido en Guadalajara futbolística y geográficamente hablando saltó rápido a la fama del equipo de sus amores. Una promesa que se abrió paso con goles y con sus singulares festejos bailando como un robot.

Pero la chispa se le apagó. Los baches llegaron y con ello la separación del grupo. Vergara fue más lejos y lo mandó a Colombia para trabajar en lo mental. Llegó el destierro definitivo a la versión gringa del rebaño.

Torres no se arrugó. Le entró al toro con valentía y fue de lo mejor del equipo. La temporada pasada se despachó como el goleador del equipo angelino en un fútbol más tosco, con defensas más altos y fuertes. Esto le ayudó a ganar en fuerza, en determinación y en oportunismo.

Pero el terruño no se olvida. Erick tiene sangre rojiblanca y las Chivas del “Chepo” de la Torre clamaron por su presencia, aunque fuera en calidad de préstamo. El activo se les fue de las manos y la MLS lo reclamó completito para firmarlo por otros cinco años. Su próxima casa en Houston lo espera apenas termine sus andanzas con el chiverío.

Igual que en el pasado, Torres ha sido como un fantasma en el equipo mexicano. Relegado a la banca solo lo han llamado para jugar la Copa y algunos minutos en la Liga. Pero hoy “El Cubo” es de otra madera, demostrando que en la cancha no se ha olvidado de hacer goles, goles que ha sido oro molido para un Rebaño que estaba en las últimas.

Con 22 años cumplidos, Erick tendrá que regresar a ponerse la camiseta del Dynamo. A seguir siendo parte del crecimiento de una liga que confió en él. A ayudar a aumentar el número de aficionados del equipo anaranjado. Pero su corazón seguirá siendo rojiblanco. “Algún día quiero regresar a Chivas”, dijo el delantero. Y seguramente lo hará. EC 

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