Los precios de las entradas han alcanzado una media de 971 dólares para ver el adiós de la leyenda de Los Angeles Lakers

El final de fiesta de una de las grandes leyendas de los Lakers será, como ya estaba previsto desde hace meses, un evento memorable. Habrá emociones fuertes, una legión de periodistas acreditados y unas cuantas sorpresas preparadas por parte del club de sus amores, obligados a despedir con honores al hombre de los 5 anillos y dispuestos a hacerle llorar.

El hecho de cerrar el año como el penúltimo equipo de la liga, con 64 partidos perdidos y tan solo 16 victorias, será lo de menos. Lo que cuenta es Bryant y el espectáculo previsto alrededor de su mayúscula figura. “El partido va a ser una mezcla de zoo y de circo”, aseguraba al Los Angeles Times John Black, el jefe de prensa de los Lakers. “Es algo sin precedentes”.

Lo dice porque el nivel de peticiones de periodistas para cubrir el partido se ha disparado por las nubes, recibiendo más incluso que en un partido de playoff. “Puede que sea mayor que las finales de la NBA”, con la posibilidad de copar las 600 plazas de las que dispone el Staples Center para prensa.

Ese ejército podrá ser testigo de las más que previsibles lágrimas de Kobe, acompañado por su familia y por una amplia representación de ex compañeros de equipo, empezando por Shaquille O’Neal, el hombre con el que ganó tres anillos de la NBA, y con el que mantuvo muchas diferencias.

También se espera que esté Robert Horry, Ron Harper, Rick Fox y hasta 30 ex miembros más de los Lakers para darle el último adiós frente a unos Utah Jazz que no vendrán de paseo. Los de Denver necesitan amargarle la fiesta a Bryant para asegurarse un puesto en los playoffs, perseguidos por los Houston Rockets con un solo partido de diferencia.

El protagonista absoluto de la velada, por su parte, ya ha dicho que prefiere no pensar demasiado en lo que se le viene encima porque sabe que será una noche de emociones fuertes. “Trataré de ser lo más básico posible”, indicó Bryant hace unos días. “Si sé que me va a emocionar, prefiero no pensar en ello”.

Tan solo espera hacer un buen papel y ser competitivo, jugando los minutos que se le venga en gana. Es algo ya pactado con su entrenador, Byron Scott. El partido en sí parece ser lo de menos. Lo importante puede venir al principio, con el himno nacional estadounidense interpretado por el bajista de los Red Hot Chili Peppers al estilo Jimi Hendrix y una serie de sorpresas que tienen reservados los miembros del club.

Es un espectáculo que nadie se quiere perder y por el que se pagarán 971 dólares de media por un asiento, una auténtica barbaridad. El partido coincidirá con el intento de los Golden State Warriors de batir el récord histórico de victorias de los Chicago Bulls en una temporada regular, en la que promete ser una noche para el recuerdo de los aficionados a la canasta. EC 

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