México y Uruguay, por distintas circunstancias, son considerados favoritos no solo para ganar su grupo, sino para beberse la copa

José F. Sánchez. Los Angeles

Uno es el que tiene más estrellas en la vetusta historia de la Copa América. El otro llega en el momento preciso y al lugar indicado.

Hay otros dos que sueñan con la proeza y con la única ventaja de que no tener nada que perder, si no es que de entrada ya lo han perdido todo.

El grupo C tiene cabeza de serie y se llama México. Se ganó el puesto de honor más por la cercanía de la sede y por el rating que por méritos deportivos, aunque hay que reconocer que llega embalado por su renacer en el juego de conjunto gracias a la mano de Juan Carlos Osorio y a la maduración de sus estrellas “europeas”.

Hoy más que nunca los aztecas son favoritos. Se puede decir que están en casa, con los suyos, lejos de la animadversión de los estadios del sur del continente donde la pasión futbolera está dos rayitas por encima de lo que se sentirá en esta fiesta del centenario disputada en el norte.

Los verdes llegan con dos bajas considerables para unos, necesarias para otros. Giovani dos Santos y Carlos Vela quedaron fuera de los elegidos por razones extra cancha, aunque en el caso del jugador de la Real Sociedad, Osorio dijo que fue porque está fuera de ritmo, aunque todos saben que no le perdonan su pleito legal con los Tigres. Y Gio simplemente se montó en su burro y declinó ser parte de la lista, dejando de lado la oportunidad de brillar en este torneo centenario. Dicen que lo hizo para desquitarse de pasados desprecios hacia su talento.

A los charrúas nunca hay que descartarlos. Con 15 trofeos ganados siempre son candidatos. Todo mundo sabe a qué juega Uruguay, pero pocos pueden ganarle. Muslera, Godín, los dos Pereira, Victorino, Fucile, Lodeiro, Arévalo Ríos, el “Cebolla” Rodríguez,

Cavani y Luis Suárez. Los caudillos de siempre, los que han peleado y ganado batallas, los que lucen con orgullo las cicatrices de las victorias.

El debut de la Celeste será contra México el 5 de junio en Phoenix. Después viaja hasta Filadelfia para enfrentar a Jamaica, el día 9, y cierra el 13 en San Francisco ante Venezuela. Eso es lo que puede mermar a los charrúas, los largos desplazamientos aunado al calor del verano.

Jamaica se estrena en esta competición, pero llega en calidad de víctima. Los caribeños quedaron fuera del hexagonal final de la Concacaf rumbo al Mundial del 2018. Tal vez sea esta condición la que los haga un rival complicado, porque llegan sin presión y porque nadie da un pepino por ellos. Pero no crea que serán un rival tan a modo. Corren, chocan y se llevan por delante todo lo que se les atraviesa, y cuando atacan son verticales y enjundiosos. Si no tuvieran tan mala puntería serían más peligrosos de lo que ahora son. Uruguay apenas le pudo ganar 1­0 en la Copa América de Chile. Puede ser un gran trabuco.

Venezuela está en un mal momento. En cinco fechas de la eliminatoria sudamericana solo ganó un punto. Su defensa es una coladera. En el equipo se siente una presión negativa, de suspenso, de miedo. La Vinotinto solo espera tomarse un respiro en esta Copa América Centenario para calmar sus penas, para recuperar un poco del ánimo perdido y para dar la sorpresa. Es una escuadra en remodelación. Su técnico, Noel Sanvicente dice que no se les puede subestimar y que con los problemas extra cancha ya solucionados “es hora que el jugador pueda tener esa revancha consigo mismo para hacer una buena Copa”, comentó a ESPN.

El grupo C parece tener dos claros favoritos, dos que pintan para cosas importantes, dos que impregnan el ambiente con olor a campeón, dos que tienen sus propios motivos para ganar la corona. Solo hay que esperar que de las palabras, pasen a los hechos. EC

Más artículos de interes