Estados Unidos hace su cuarta aparición en Copa América en busca de repetir la hazaña del 95, cuando terminó en cuarto lugar

Pepe Penales. Los Angeles

Estadio Parque Artigas de Paysandú, Uruguay. 14 de julio de 1995. Estados Unidos necesitaba de un triunfo ante uno de los gigantes de Sudamérica. El ambiente era frío en el invierno sudamericano. El equipo de Steve Sampson llegaba con una victoria sobre Chile y una derrota ante Bolivia. Enfrente estaba Argentina con dos partidos ganados y con la condición de gran favorito. Con Cristante, Zanetti, Balbo, Simeone, Gallardo, Batistuta, Astrada, el “Burrito” Ortega y hasta con Maradona en las tribunas. Una máquina poderosa que se encaminaba al título hasta que…

El invitado se sublevó. No creyó en la grandeza de los gauchos y se lanzó con todo para conseguir los puntos del pase a la siguiente ronda. Y en el campo se amotinaron contra el yugo argentino y salieron a proponer, a apretar, a perforar. Frank Klopas, Alexi Lalas y Eric Wynalda facturaron ante una defensa que observaba boquiabierta, confundida y machacada. Los dos pasaron a los cuartos de final, pero hasta allí llegó Argentina, luego castigada en los penales por Brasil. Los norteamericanos llegaron un escalafón más arriba, pero también fueron víctimas de los amazónicos que apenas los vencieron por 1­0. Se tuvieron que conformar con el cuarto lugar al caer de forma categórica 4­1 ante Colombia.

Para Estados Unidos fue un torneo magnífico al pelearle de tú a tú al contingente del sur, a los acaparadores del certamen y de paso deshacerse de México en los cuartos de final. Aquel era un equipo sólido que venía de cumplir una decente Copa del Mundo celebrada en casa un año antes. Estaba Cobi Jones, Marcelo Balboa, Tab Ramos, Claudio Reyna y dos gigantes en el arco alternándose el puesto, Brad Friedel y Kasey Keller.

Hay serias dudas de que el equipo actual pueda emular lo hecho en el 95. El cuadro de Klinsmann no pasa por su mejor momento. Al hexagonal final calificó en segundo puesto debajo de Trinidad y Tobago. Al técnico le ha costado trabajo armar un equipo constante. Las lesiones, las bajas de juego de algunos elementos y la llegada de sangre nueva al plantel le han pasado factura a la buena evolución que había tenido la selección.

Antes de que arranque esta Copa América Centenario se le cayó una de sus mejores armas a la ofensiva. Una lesión causó la baja de Jozy Altidore. Entonces se la tendrá que jugar con elementos probados como Clint Dempsey, Chris Wondolowski y dos novedades que la han dado buenos resultados al técnico, Bobby Wood y Gyasi Zardes, dos flechas que atacan por los costados y que tienen definición de frente al marco. El equipo anfitrión tiene con qué mejorar. El arco estará bien custodiado o por Tim Howard o por Brad Guzan. Con una defensa sólida y con un todoterreno como Alejandro Bedoya más la salida y liderazgo del gran comandante Michael Bradley, el equipo anfitrión puede hacer ruido.

Dicen que el A es el grupo de la muerte con Colombia, Costa Rica y Paraguay acompañando al local. Va a ser una prueba de fuego para Estados Unidos, pero está en casa y ante la oportunidad de oro para disipar las dudas que muchos tienen sobre este combinado que quiere seguir alimentando la pasión de su frente por el fútbol. EC

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