La automotivación nos ayuda a cumplir no solo los grandes propósitos de la vida, sino también los pequeños que engendran lo cotidiano

Venimos a este mundo con los atributos para lograr lo que anhelamos. Dios nos premia con la aptitud física y la inteligencia, pero luchar por conquistar lo que deseamos, depende de nosotros, de la voluntad, la perseverancia y el amor con que enfrentamos la vida.

El elemento espiritual que decide esta cuestión es la automotivación. Nadie duda de que existen factores históricos, geográficos, sociales, familiares y personales, que muchas veces no son los idóneos y tienden a ahogarnos en el inmovilismo y la mediocridad; sin embargo, a un ser humano motivado, nada lo detiene.

George Eliot, la escritora inglesa, era una talentosa mujer interesada por los temas realistas, psicológicos y sociales de la época. ¡George Eliot era mujer! Su verdadero nombre fue Mary Anne Evans, pero no era usual que las escritoras de la era victoriana abordaran esas temáticas, más bien se dedicaban a textos románticos.

Evans cumple sus propósitos y publica su primera novela bajo el pseudónimo de George Eliot. Aunque otras intenciones personales la impulsaron también a tomar esa decisión, fue su automotivación por tratar tópicos “no adecuados” para una mujer, la que la induce definitivamente a escribir tras el manto de un sobrenombre masculino.

Tenía cuarenta años cuando lo hizo, una edad no tan avanzada pero sí algo tardía para emprender el rumbo de la novelística. Por eso su hermosa frase: “Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido”. Me tomo el atrevimiento de parafrasearla y decir: “Nunca es demasiado tarde para motivarse y hacer”.

La vida es motivación, pero no solo por los grandes propósitos, sino también por aquellos pequeños que engendran lo cotidiano. Cada día debemos salir a la calle impulsados por algún proyecto, dispuestos a luchar por él; convencidos de que lo lograremos, con la convicción de que… ¡un sueño grande se sustenta en infinitos sueños pequeños!

Tenemos que prepararnos y enfrentar la realidad convencidos de aquello que nos motiva a vivir el día de hoy. De qué proponemos, qué necesitamos y cómo vamos a hacerlo. Cuando nos automotivamos por un propósito, nos convertimos en seres humanos luchadores, optimistas, alegres y seguros. EC

Información cortesía de www.ismaelcala.com

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